Lucy Wijnands llegó a Dénia al frente de un quinteto de jazz clásico. Todo en la formación respiraba la sofisticación del gran jazz vocal estadounidense: la sobriedad escénica, el sonido refinado y la cuidada contención de los músicos. Frente a ellos, Lucy aportaba luz y frescura con un vestido amarillo, anudado al cuello y sus hombros al descubierto, una pincelada de verano mediterráneo en una velada dedicada a los grandes estándares del jazz.
