Los puños arriba, las pruebas de silencio se suceden sin descanso en las zonas donde puede haber supervivientes. En un edificio buscan a varios desaparecidos, entre ellos a una niña. En otro, la prueba se interrumpe de golpe: alguien escucha el sonido de un móvil y la actividad regresa entonces de forma frenética. Se acaba de superar el umbral de las 72 horas críticas y no hay tiempo que perder. Por eso, los equipos intensifican los levantes sistemáticos.
