Los desorbitados precios de la vivienda se han convertido en un factor estructural de malestar juvenil. No solo dificulta la independencia residencial –la tasa de emancipación es del 14,5%, el peor dato desde que existen registros–, sino que también condiciona su estado anímico y emocional. El 42% de las personas de entre 25 y 34 años afectadas por la crisis habitacional perciben su salud mental como regular o mala.

Por Valencia

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